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Nuestra visita al African Prison Project en la prisión Kamiti en Kenia

Escrito por Mwende Njuguna

 

Mi nerviosismo comenzó al leer el correo que me envió  Africa Prisons Project:

“Kamiti es una prisión masculina de máxima seguridad... [Los visitantes] deben evitar estar en un área apartada a solas con un reo. Es importante cumplir con el código de vestimenta oficial apropiado, evitar prendas ceñidas al cuerpo o reveladoras. La vestimenta no debe mostrar escote o exponer la parte alta de los brazos y deben evitarse los vestidos mini o cortos.”

Desde mi niñez, sabíamos que los peores criminales estaban encerrados en Kamiti, y aquí estaba yo, ¡visitando voluntariamente la prisión! Me imaginé que seria oscura y asquerosa. Esperaba que estuviera en las peores condiciones posibles. Sentía mariposas en el estómago. ¿Por qué estoy haciendo esto?

Durante el camino a la prisión, estaba sentada en silencio. Mi mamá estaba manejando; íbamos a realizar la visita juntas. Ella trataba de calmarme hablándome de cosas positivas, pero lo único que yo quería era silencio para lidiar con los nervios. Mantenía la razón de mi visita en mente: me entusiasmaba ver de primera mano el trabajo que está haciendo el APP. Estoy liderando las búsquedas para su nuevo Director de Desarrollo, de Servicios Legales y Directora de Educación Legal. Esta visita me permitiría comprender mejor al APP, y me ayudaría a continuar con la búsqueda. También quería experimentar el verdadero cristianismo en acción, ya que eso es lo que creo que está haciendo esta organización con su trabajo en las prisiones.

Llegamos al portón de la prisión de máxima seguridad Kamiti 20 minutos antes de la hora establecida. Una llamada a la Directora General nos aseguró que podríamos pasar y estacionarnos, pero deberíamos esperarla en el estacionamiento, ya que ella tenía la carta de permiso de acceso a la prisión. Había una larga fila de peatones en el portón principal. Por coincidencia, habíamos venido el Día de la Crianza a Distancia. Las familias traían comida y pasaban el día con papá, ya que los niños también estaban de vacaciones en estos días.

El segundo portón de la prisión, donde los reos están recluidos, es una gran puerta de madera con un letrero rojo arriba. No se permiten fotos. Seguimos a la recepción, donde entregamos nuestras identificaciones, la carta de acceso y las llaves del auto. Luego pasamos una revisión de seguridad; quitándonos los zapatos, cinturones y prendas.

Un guardia nos fue asignado y caminamos, atravesando el patio a la Academia, hacia donde APP realiza su programa de educación legal. También hay una escuela de primaria y secundaria para los presos que deseen completar su educación.

Al momento en que nos asignaron un guardia, recordé la conversación que sostuve con la Directora General: debíamos mantenernos cerca de ella y del guardia, no debíamos hablarle a los presos, y si ellos se nos acercaban o nos preguntaban nuestros contactos, debíamos dirigirlos al APP. ¡Noté que la DG también estaba ajustándose su abrigo y abotonándose!  Yo ajusté mi suéter y lo usé para cubrir mi pecho. ¡Mi mamá estaba súper calmada!

Mientras atravesábamos un tercer portón, hacia el patio, había mucha camaradería. Una carpa estaba puesta a un lado y un castillo inflable al otro. Había música y una sensación general de alegría. Me sentía calmada. Había familiares en todas partes.

Pasamos un cuarto portón a la parte industrial de la prisión, donde se encontraba la Academia. Mientras que atravesábamos cada portón, los guardias nos recibían con una sonrisa, apretones de mano y buenas vibras para APP.

Había prisioneros por todas partes, mantuve la cabeza hacia abajo. No hice contacto visual. No quería ningún incidente. No obstante, miré hacia los patios. No eran como me los esperaba. Estaban limpios, para cualquier fin. No era asqueroso. Pero no teníamos acceso al área donde están recluidos los presos. Las celdas. Tal vez en esa área es diferente.

Un quinto portón nos llevó a la Academia. Hablamos brevemente con un administrador y luego nos sentamos en la parte de atrás de una sesión de clases del Programa de Educación Legal. Dos de los estudiantes eran guardias de la prisión y el tercero era un preso. Los estudiantes interactuaban entre ellos y con el tutor mostrando interés y pasión. Actualmente, la organización APP tiene alrededor de 40 presos y guardias de prisión cursando el Programa Legal en conjunto con la Universidad de Londres. Los cursos ya han salvado vidas: una mujer bajo condena de muerte, estudiante de APP, llamada Susan Kigala ganó su caso en corte y fue puesta en libertad. Como resultado de su caso, la ley ya no obliga la pena máxima para todos los casos de asesinato en Uganda.

Saliendo de la Academia, nos detuvimos a conversar con un estudiante del APP que cursaba su tercer año. Es el décimo tercer demandante en un caso ante la Corte Suprema. Gracias a sus estudios en el Programa de Educación Legal de APP, ¡podrá representarse a sí mismo y a los doce otros demandantes! Nos dijo que el juez está a su favor, tal vez por la buena reputación de APP y por el hecho de ser un preso con conocimiento legal.

Haber visto el trabajo e impacto positivo de APP en la prisión Kamiti fue conmovedor. Nos dimos cuenta de algo muy bueno, esta organización es muy bien vista entre los empleados de la prisión y los guardias. ¡Esta visita definitivamente fue una motivación adicional para continuar apoyándolos!

A la salida de Kamiti, mi madre se aseguró de comprar algunas plantas del vivero de la prisión para apoyar el esfuerzo de los presos; esperamos que sigan creciendo al igual que el trabajo del APP, y que tengan un impacto positivo en la vida de los presos.

Mwende Njuguna es Consultora Sénior en Mission Talent.
 

Mwende Njuguna, Senior Consultant